El Regreso (o Ay, Dios mío)
Volvía el Atleti a jugar la Champions, o más bien la previa de la Champions, y la afición esperaba con ansia el momento de volver a lucir palmito por Europa. Otros años vivía el aficionado un plácido duermevela veraniego mechado de partidos amistosos y torneos de renombre en los ver a los nuevos fichajes y el estado de forma de los jugadores del año anterior. Pero este año se encontró la afición, de sopetón y sin poderlo remediar, ante un puñado de jugadores desconocidos y ante el partido más importante de los últimos años en medio del mes de agosto. Qué ordinariez. El AntesDesperdigada la afición por esas playas de Dios, por esas ciudades desiertas y por esos pueblos paternos sin peña atlética, el tenaz seguidor se organizaba para ver cómo podría ver el partido. Tú sabes dónde lo echan, yo creo que en el plus, ah sí, pues a ver quién lo tiene, pero es de pago o no, si es de pago hay que convencer al del bar, si no quiere lo pago yo que esto no hay que perdérselo, hombre ya. Consciente de la importancia del choque, de lo trascendental del partido de ida y de lo incómodo del rival, el itinerante aficionado colchonero hacía lo imposible para ver el partido rodeado de un ambiente favorable o al menos no demasiado socarrón. Así, llegaban a los bares grupos de clientes no habituales que preguntaban antes de nada si iban a poner el fútbol, al Atleti se entiende, y si decían que sí pedían tercios de Mahou y si decían que no pues nada entonces, decían, y se iban a otro sitio. Unos llegaban en coche tras haber recogido a los dos o tres correligionarios con los que comparte zona de vacaciones, otros llegaban solos con la esperanza de dar con algún otro que estuviera en las mismas. Unos llegaban con la espalda quemada por el sol, otros picados por las medusas y otros mareados tras pasar la tarde hinchando la orca-flotador de su sobrino favorito, un sobrino de esos a los que no se puede defraudar, un sobrino ante el que todo esfuerzo es poco porque la reputación de tío-superhéroe es muy valiosa y dura poco y no debe uno echarla a perder así sin más; el sobrino, en fin, al que conseguimos hacer del Atleti a pesar de la numantina oposición del malvado cuñado que Vds ya saben. Lo de siempre.Se movilizaba pues la afición colchonera, desperdigada pero fiel, entregada pero dispersa, ilusionada y también bronceada, y lo hacía en tropel y al unísono. Y desde los satélites se detectó un extraño movimiento, grupúsculos de personas que acudían a bares y casas de familiares. Y los que controlan los satélites lo advirtieron desde sus mesas llenas de botones y ampliaron el zoom e intercambiaron llamadas con otros centros para ver qué pasaba. Jiuston, mire, que hemos notado un movimiento anormal, anormal el movimiento, no Vd, no se enfade, hombre, que es que no se oye bien. Anormal, sí, grupitos de gente que se reúne a una hora rara y van a un sitio y esto ocurre por toda la geografía española, y desde Jiuston contestaba extrañado el responsable de vigilancia que esto cómo es, y lo hacía con un familiar acento sureño. Y desde el punto de seguimiento de Rota decían uy pero qué acento tiene Vd más de aquí, ¿no era Vd de Conneticut? y el responsable contestaba sí, soy de allí, pero de joven tuve una novia de Chiclana que me rompió el corazón y de ella no me queda nada más que el recuerdo y esta graciosa forma de decir esto cómo es, mire mire qué bien me sale, perooo ... ¿ehto cómo eh?Mientras en Jiuston hacían informes y tomaban fotos y activaban una alerta, que es algo que gusta mucho en este tipo de sitios (sobre todo la alerta naranja, no la mísera alerta amarilla, la vergüenza del colectivo de las alertas, más de uno piensa que eso no es alerta ni es ná), en los bares la afición cogía sitio y tragaba saliva y se movía en sus asientos y decía bueno ya, qué nervios, ay Dios mío, a ver qué pasa. Y decía también a ver los nuevos, que parece que la cosa se ha reforzado bien en la zona de la defensa y un poco también delante, y mostraba algo de ilusión y también algo de desconfianza. No sé yo, con esta pretemporada de chichinabo que nos han preparado este año si llegamos en forma, decía la afición. Sin haber empezado el partido ya hablaba la gente del cambio anunciado por Aguirre, del mediapunta y su influencia en el futuro próximo del club, del nuevo sistema. Hablaba también de ese concepto recurrente, ese tópico veraniego que cada año nos visita con la precisión de los anuncios de anti-mosquitos y de leches bronceadoras: el salto de calidad.Como saben, cada año el aficionado atlético, animado por la prensa, habla del salto de calidad. El salto de calidad, por su parte, llega cada año en tren y la mar de bien peinado y visita a la afición y le desea felices vacaciones y les brinda un buen argumento para las sobremesas y para esas conversaciones con los pies metidos en la piscina. Yo creo que este año sí que damos el salto de calidad, dice uno a otro y el otro hace cuentas y tacha un número en una lista y así certifica que, con este verano, ya van veinte seguidos hablando del salto de calidad. Algunos, con más arrojo que el resto, hablan del salto de calidad en voz alta con el riesgo de que te estén recordando lo del saltito de marras los siguientes cuatro años. Pero la afición es así y habla del salto de calidad año tras año, igual que los señores mayores le explican a sus nietos al ver un helicóptero blanco que en ese helicóptero viaja el rey, pero solo, nunca con el príncipe, porque si por desgracia se cae un helicóptero y ocurre una tragedia, al menos no se pone en juego la continuidad de la dinastía. Esto lo hemos oído todos, no me digan Vds que no, y algunos ya nos hemos sorprendido contándole esto a un sobrino para así seguir pareciendo un superhéroe, mostrando al menos una profunda sapiencia en temas monárquicos para compensar el humillante hecho de que, este año sí, hemos comprado un hinchador de pie porque soplando no podemos con la orca.
El Durante
.Sale el Atleti nuevo con una camiseta nueva que parece una antigua, y con un pantalón rojo que, pensamos algunos, no viene a cuento. Mira el aficionado con atención los movimientos del nuevo Atleti '08 y no reconoce a algunos de los jugadores y a otros sí. Maxi está más delgado, a ver qué tal Antonio López, yo confundo a Sinama con Assunçao, dice la afición desde diferentes puntos de la geografía patria y hasta en el extranjero. En esas está el aficionado cuando el nuevo Atleti comete un fallo antiguo, un despeje que no es tal y un remate rival fácil que despeja Leo Franco quizás con algo de fortuna. Ay Dios mío, dicen los aficionados, ya está Pablo haciendo agua en el centro de la defensa y un aficionado más sagaz dice que no es Pablo, que es Ujfalusi, oiga. Mira entonces la afición la repetición y se maravilla de haber visto el mismo fallo de otros años cometido por un jugador nuevo, y traga más saliva y levanta una ceja. Madre mía, madre mía dicen cien mil tipos al unísono en varios puntos del globo, en un prodigio polifónico que deja la inauguración de Pekín a la altura de una función de instituto, no en vano es la afición colchonera la mejor afición del mundo, que lo ha dicho la Sra Rushmore.El Atleti está empanado en el partido más importante de su historia reciente y no sabe bien a qué juega. Quizás porque han hecho una pretemporada extraña, quizás porque los jugadores no se conocen, quizás porque no se les ha explicado con precisión qué se espera de ellos, cada uno hace un poco lo que puede, sin más. Trotan los centrocampistas y trotan los delanteros, casi ninguno con el criterio suficiente para asustar al rival. Los alemanes se estiran, cobrando confianza ante la poca operancia visitante, casi extrañados por la poca resistencia encontrada y Antonio López regala un pase y luego una falta y lanza bien un alemán y Leo Franco hinca la rodilla y entra un gol y la afición dice para dentro ya estamos. El Schalke no es mucho, pero es suficiente. Ujfalusi se entona, Heitinga muestra cosas y Perea muestra otras pero mucho más vergonzantes. El Atleti no tiene laterales pero tiene un medio centro apañado. No tiene un creador de juego pero sí un interior portugués que parece poder aportar soluciones en momentos de espesura, al menos ayer. Maxi, más en forma en lo físico, parece perdido y Forlán parece alarmantemente dimitido, como en Vallecas, como diciendo que con él no cuenten como el año pasado, que menudo añito me dieron, si lo sé me quedo en casa. Sinama lo intenta pero falla ocasiones, sin llegar a resolver situaciones favorables que él mismo ha contribuido a crear. Aún así, todo ello es bastante para evitar que los alemanes se vengan arriba pero no es suficiente para que se vengan abajo.La imagen general del equipo es mala: el Atleti no se sabe bien a qué juega, da la impresión de que cada uno hace lo que puede en cada momento sin más criterio que el resolver a corto plazo cada situación creada. Peor aún: la afición empieza a entender que ese partido, jugado por otros jugadores en otra competición, otro año y con otra camiseta, ya lo ha visto. Como en ocasiones anteriores, no aciertan a entender cuál es la apuesta del equipo. Como ocurría otros años, poco a poco van perdiendo el interés en la pantalla y acaban hablando del bañador de Phelps y del sprint de Samuel Sánchez con el partido de fondo, ignorando deliberadamente lo que pasa, quizás por saber exactamente qué va a pasar. En un partido crucial en el que el Club se juega entrar en la competición que la historia exige, es casi imposible mantener el interés en una pantalla. Sólo el cambio de Simao levanta protestas, sólo la expulsión de Antonio López levanta críticas y sólo un cómico despeje de Perea, pegándole una patada a un señor ante la imposibilidad de darle al balón con el que entrena tres horas diarias desde hace años, levanta a la gente de la silla.
Y el Después
El partido acaba y el aficionado no sabe bien qué pensar, ni qué decir. No quiere ser derrotista pero lo que ha visto no le da pie a ser muy optimista. Le queda el consuelo de saber que al menos el Schalke no parece tanto, pero no se fía mucho de los suyos. Intenta ser positivo pero le viene a la cabeza el recuerdo del Bolton. Confía en Agüero pero piensa que encomendar toda la temporada a un chaval de 18 años demuestra una política deportiva cuanto menos regular. Duda del anunciado cambio de sistema, pensando que quizás no se tengan los jugadores apropiados ni el tiempo necesario para revolucionar una forma de jugar. Duda de lo que ve en la portería y de lo que ve en los laterales, no sabe si Raúl es el jugador que deba lanzar a los delanteros por más Assunçao que tenga por detrás. Le asusta la actitud del siempre entregado Forlán y duda de la efectividad de Maxi si se ve obligado a defender tanto su banda. Duda de la nueva idea de bombero de la directiva de reforzar el equipo sólo si se pasa la previa de la Champions y no antes, casi dejando al azar el compromiso de hacer un equipo serio. Duda el aficionado mientras termina su tercio y se dispone a volver a casa, a deshacer el camino que hace sólo dos horas recorrió con la ilusión del que vuelve al sitio que nunca debió abandonar. El aficionado quiere creer, quiere pensar que todo irá bien, pero lo que ha visto no le convence. Y a estas alturas sólo piensa en qué decirle al sobrino que espera con cara de querer oír que el equipo ha vuelto a ganar, y sólo espera que no le haya dado por deshinchar de nuevo la orca, al jodío.
viernes 15 de agosto de 2008

